marzo 2018 archive

Las manos de mi madre

Dice mi madre que se ve las manos raras. Extrañas. Que el paso de los años les ha dejado marcas. Que la piel tiene memoria. Que en las manos se acumulan los recuerdos. Y los recuerdos no engañan.

Yo no sé si sus manos recuerdan que saben consolar cualquier llanto sólo acariciándolo.

Manos que han trabajando y que aún sienten el dolor de un tijeretazo equivocado.

Un par de manos que se frotaban para aligerar los nervios. ¿Cuántas veces habrán sudado? ¿Y temblado?

Esas mismas manos que aún se abren de par en par para dejar que entre el sol. Que han secado lágrimas. Que han tapado bocas. Incluso la suya propia.

Entre sus dedos se esconden secretos e historias que sólo les pertenecen a ellas. A sus manos. Manos de madre. Manos de peluquera. Manos de mujer. Sus propias manos.

A veces, chascan los dedos para bailar al son de un ruidito muy de mamá que sale de la boca.

🎼Titititi🎼

Un día se plantaron ante la adversidad, y teñidas de color negro dejaron de tocar las palmas.

Y se volvieron a abrir de par en par. Para mudar la piel. Al sol. Llenas de vida.

Esas mismas manos que tantas otras veces se habían cerrado. Fuerte. Con los puños apretados.

Sí, esas mismas manos ahora no le parecen sus manos. Dice que las nota entumecidas, como si algo se revolviera en sus nudillos. Con insistencia. Hacía fuera.

Y digo yo que deben ser las flores que plantó en todos estos años, que le están pidiendo paso. Para salir de ellas.

Brotando.