Archive of ‘relato ilustrado’ category

Las manos de mi madre

Dice mi madre que se ve las manos raras. Extrañas. Que el paso de los años les ha dejado marcas. Que la piel tiene memoria. Que en las manos se acumulan los recuerdos. Y los recuerdos no engañan.

Yo no sé si sus manos recuerdan que saben consolar cualquier llanto sólo acariciándolo.

Manos que han trabajando y que aún sienten el dolor de un tijeretazo equivocado.

Un par de manos que se frotaban para aligerar los nervios. ¿Cuántas veces habrán sudado? ¿Y temblado?

Esas mismas manos que aún se abren de par en par para dejar que entre el sol. Que han secado lágrimas. Que han tapado bocas. Incluso la suya propia.

Entre sus dedos se esconden secretos e historias que sólo les pertenecen a ellas. A sus manos. Manos de madre. Manos de peluquera. Manos de mujer. Sus propias manos.

A veces, chascan los dedos para bailar al son de un ruidito muy de mamá que sale de la boca.

🎼Titititi🎼

Un día se plantaron ante la adversidad, y teñidas de color negro dejaron de tocar las palmas.

Y se volvieron a abrir de par en par. Para mudar la piel. Al sol. Llenas de vida.

Esas mismas manos que tantas otras veces se habían cerrado. Fuerte. Con los puños apretados.

Sí, esas mismas manos ahora no le parecen sus manos. Dice que las nota entumecidas, como si algo se revolviera en sus nudillos. Con insistencia. Hacía fuera.

Y digo yo que deben ser las flores que plantó en todos estos años, que le están pidiendo paso. Para salir de ellas.

Brotando.

 

Flor de hibisco

calendario 2017 flores
La flor de hibisco sólo vivía un día. O al menos eso le habían dicho.
 
¿Qué haría ella si sólo dispusiera de 24 horas?
 
Se pasó horas y horas soñando con todo lo que haría y organizando mentalmente cómo hacer todo lo que había soñado.
 
Se bañaría en la mar fría, abrazaría con fuerza a su hermana, sería generosa en ”tequieros”, lucharía por una buena causa. Inventaría algo,no sé, ya pensaría qué. Y pintaría un cuadro. Uno grande, lleno de rojo. Vencería sus miedos, e iría en busca de sus anhelos. Sería más salvaje, menos educada. No perdería el tiempo. Y por supuesto, no dormiría.
 
De repente, una fuerza horrible comenzó a empujarla desde abajo. Se tambaleó, saltó y cayó con dureza al suelo.
 
Miró a su alrededor, sólo veía la tierra gris, la sentía bajo  su cuerpo. No podía moverse, casi ni podía respirar.
 
¿Por qué? ¿Desde cuándo?¿Cómo no se había dado cuenta?
La flor de hibisco resultó que era ella.
Texto e ilustración: Verónica Maraver
——
Si te gusta la lámina puedes adquirirla en mi tienda: 

Si quieres recibir más relatos y novedades te espero en mi comunidad.