de amapolas, flores y abuelas

Mi abuela se llamaba Ana González, era sevillana, pero emigró a Barcelona buscando mejores oportunidades para su familia. Vivió como muchas abuelas españolas, dedicada a los suyos. Famosa por sus croquetas y sus flores, le gustaba hablar conmigo por teléfono mientras yo viajaba a alguna ciudad por trabajo o simplemente iba a coger el tren para volver a casa. Decía que era como pasear conmigo, y a través de mis ilustraciones, me da la sensación que seguimos paseando juntas.

El año pasado realicé una serie de relatos y son los que me han inspirado a escribir-dibujar, un nuevo micro libro, para que en caso de que no llegaras a tiempo para el relato, obtengas parte de aquellos dibujos, pero con un enfoque nuevo, inspirado en mi abuela.

El resultado ha sido ”de amapolas, flores y abuelas”, mi primer librito digital, coloreable, pero también muy leíble.

Un libro en formato Pdf, con descargables independientes, para que puedas sólo descargar o imprimir la lámina que quieras, y 6 láminas originales para colorear (que podrás imprimir en A4 o incluso A3), y seleccionadas como las más bonitas.

 

Y quiero acabar este artículo con el inicio del libro, que estará en oferta de lanzamiento hasta el 30 de enero.

Tenía la casa llena de flores. Geranios, violetas, hortensias, rosas y una amapola. Sí, una amapola.
Una única amapola que venía a visitarla cada primavera.
La flor comenzaba a crecer en primavera. El tallo, largo y delicado, se iba abriendo paso hacia arriba, con firmeza. Una vez alcanzada la altura suficiente como para alzarse muy por encima del resto, se abría, con ese rojo anaranjado. Silenciosa; descarada, sin duda; extrañamente desordenada, como fuera de lugar y, por tanto, esplendorosa.

 

 
 

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